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Entrevistas Ophelia

Simón Brutt: «Nací con una atracción muy marcada hacia el dibujo y la pintura».

El acuarelista argentino, desde Rosario, nos cuenta aquí sus nuevas búsquedas que incluyen una conexión con lo local pero sin dejar de reafirmar ese amor por la arquitectura europea presente desde el comienzo: “Lo que más me sensibiliza a la hora de pintar es el profundo deseo de estar en el lugar que estoy representando”, confiesa. Hablamos de su visión en torno al paisaje urbano, y sobre la tensión de crecer amando el arte y, a su vez, seguir “pautas sociales”. 
¡Coleccionar arte es emocionante y conocer al artista detrás de la obra es mucho mejor! Ophelia Gallery te permite enriquecer tu experiencia como coleccionista. Aquí, la entrevista exclusiva al pintor argentino Simón Brutt

Usted formó parte de Revista Ophelia Nro. 16 y Nro. 21 ¿En qué aspectos cree que ha variado durante este tiempo?

Desde mi participación en Ophelia he tenido más notoriedad y visualización, por lo tanto, también he estado más atento a las críticas y las observaciones, las cuales han tenido un denominador común: que debería representar más lugares nacionales; por eso el cuerpo de obra que presento en esta oportunidad incluye edificios de Argentina, que a mi entender fueron los más representativos de cierta época de nuestro país. Sin embargo, la mayoría de mis piezas siguen siendo de los lugares de mis deseos: de Europa

Arquitecto y acuarelista ¿cuál es su relación con el paisaje urbano?

El paisaje urbano es tan complejo como el ser humano que lo creó y que lo habita, no tendría razón de ser sin dicho humano, y esa complejidad hace a esta temática muy afín conmigo; porque soy una persona que vive la ciudad y que necesita descubrirla. Y, para representarla en un papel, aprendí el rigor del método de perspectivas de todas las maneras posibles y desde muy joven. Por ello me siento cómodo y sigo atraído por esta temática. Además, necesito en mis obras el protagonismo de la gente que habita tales paisajes, por ello también represento, en todas mis imágenes, actividades de la vida diaria.

Más allá de su formación de base ¿cree que estaba predestinado a agarrar los pinceles?

Si estuve predestinado sería un abordaje más filosófico, cosa que en realidad no sé. Sin embargo, nací con una atracción muy marcada hacia el dibujo y la pintura. Me era natural dibujar, era mi refugio, parte de mi ser, así que fui muy tenaz en aprender, copiando cualquier imagen que le pudiese interesar a un niño y pasando una cantidad infinita de horas sentado frente a una hoja. Por ello no puedo verlo como producto del azar, el arte estaba tan presente que ni siquiera me daba cuenta de que era algo especial. Yo simplemente quería ser eso, pero no sabía el nombre del oficio. De todos modos, no tuve mucho incentivo de niño, así que crecí sin la ambición de ser artista, y siguiendo las pautas sociales, tuve que hacerme arquitecto.

¿Y cómo empezó a dibujar y a pintar de forma regular?

El detonante fue la pandemia. A pesar de que ya estaba pintando con cierta asiduidad, ese período fue de una entrega del cien por cien y en la que sólo apliqué una regla básica de subsistencia: utilizar lo que tuviese al alcance de mi mano. Encerrado, sin distracciones, tenía papel, pinturas, mi arte y mucho tiempo libre, y entonces comencé a producir. Así me di cuenta de que nunca perdí el horizonte del artista, que siempre estuvo allí. Fue y será mi compañero de ruta

¿Qué representa para usted la belleza? ¿Es todavía un concepto de interés para el arte de nuestros tiempos?

La idea de belleza es algo que ha ido cambiando a lo largo de la historia de la humanidad, entre las distintas civilizaciones e incluso entre áreas geográficas. Si nos centramos en la tradición artística europea, principalmente en la antigua Grecia, que es donde se establecieron la teoría de estos conceptos, podríamos definir a la belleza como la calidad perteneciente a las cosas que nos producen satisfacción (podría abordarse desde la neurociencia). Por otra parte, lo que la estética califica como belleza no sería sencillo de determinar porque a lo largo de los años ha habido un cambio de mentalidad que trae consigo cambios en la idea de belleza.  Por ello, no podríamos hablar de una idea absoluta de la belleza, sino de definiciones que responden a necesidades de cada época. 

En lo personal, me inclino más hacia una belleza subjetiva que está dentro nuestro, que depende del gusto y de los sentimientos que nos genere la obra de arte como espectadores, pues en toda experiencia artística hay un sujeto que aprecia y un objeto apreciado, un goce estético emocional e intelectual. Mientras esto suceda (la belleza) será un concepto de interés de nuestro tiempo y de todos los tiempos.

Se piensa que los artistas son personas “excéntricas” o que llevan una vida desordenada. ¿Qué cree sobre estos estereotipos?

No creo en el estereotipo como prejuicio social aprendido. Me cuesta ser autorreferencial: a mí me interesa ser, no parecer. Y en el ser uno busca su verdad, tarea que implica disciplina, honestidad con uno mismo, trabajo, rigurosidad, preparación, aprendizaje, trabajo en serio. En eso estoy enfocado.

Ping-pong opheliano:

Una pintura: “No. 5” (1948) de Jackson Pollock

Un disco: “Bocanada” (1999) de Gustavo Ceratti

Una película: La saga de “El Padrino” de Francis Ford Coppola

Un libro: “El amor en los tiempos de cólera” (1985) de Gabriel Garcia Márquez

Una comida: Todas las tapas de Madrid o de Andalucía con tinto de verano.

 

Disfruta del Encuentro Ophelia con Simón Brutt: