¿Cuáles han sido sus últimas búsquedas desde su última aparición en Ophelia, allá en julio de 2021?
Ha pasado un año desde mi aparición anterior, y creo que en este tiempo -y como arrastre de lo que me ha sucedido en pandemia- he seguido desarrollando o profundizando cosas que se iniciaron allí: sigo explorando los materiales nuevos que comencé a trabajar en 2020, sigo intentando dominar ciertos modos de luz que son muy complejos pero que me parecen fascinantes, y continúo con series que ya tenía iniciadas, además de que cada tanto intento realizar algún autorretrato, hábito que también redescubrí en pandemia, el meterme más seguido hacia “adentro” a través de la imagen. Todo esto se puede ver plasmado en una muestra bastante ecléctica (con todo tipo de formatos, técnicas, materiales, incluso fotografías al bromóleo) que actualmente realizo aquí en mi ciudad. Se llama “Retratos, autorretratos y otras cosas de pandemia”. Así de movilizador ha sido este período.
El autorretrato es una verdadera oportunidad para conocerse a sí mismo. ¿No es así?
¡Totalmente! El autorretrato es un género que sin dudas te obliga a pensarte y repensarte, a verte en detalle, a reflexionar en el paso del tiempo y en los cambios. Es un viaje interior que, por suerte, esta vez me agarró bien plantado, porque también puede ser riesgoso, dependiendo del lado al que se dirijan esas “exploraciones”. Por ejemplo, el territorio de la carencia o el dolor es atractivo, pero hay que tener la cabeza muy bien para meterse allí.
Noto mucha variedad en su obra
Creo que lo que más me atrae de trabajar con diferentes técnicas y materiales es el abanico inmenso de recursos expresivos. Hay temas, climas y formas de resolver que tienen ciertos límites si siempre se utilizan los mismos materiales y técnicas. El mismo trabajo resuelto en bromóleo o en carbón o en óleo irá por diferentes caminos, aún si se los resuelve exactamente igual. Eso es impagable.
Hablemos del bromóleo. Tuve la oportunidad de descubrir esta técnica a través de las obras de Joaquim Pla Janini, expuestas en el Museo Marítimo de Barcelona. Quedé maravillada…
Es una técnica increíble. Una mezcla de fotografía, pintura y grabado que también permite la reproductibilidad utilizando el bromóleo como “taco”. El clima que produce y lo que transmite la técnica en sí, independientemente de la imagen o la composición, es increíble. Aún me queda mucho por explorar ahí, pero supongo que se puede forzar la técnica a diversas soluciones estéticas. Vamos probando.
¿Pintar implica ir contra la corriente?
Creo que, efectivamente, es necesario preservar las prácticas y saberes que hoy parecen “perimidos”. El arte plástico tradicional es una forma de lenguaje y entiendo que lo que se perdería socialmente sin esas prácticas es mucho más que simples imágenes. Igualmente, que parezca “anticuado” o “pasado de moda” me parece más una campaña que solo aplica al gran mercado, desesperado por promover la infantilización y banalización del arte y la sociedad; pero creo que la gente “de pie” lo valora encima de las corrientes de “moda” en sobremanera. Y en ese sentido, solo está “contra la corriente” del mercado, el cual actualmente está dando muestras de tener dificultad para sostener las “modas” que ha promovido de forma arrolladora en los últimos 60 o 70 años, y poco a poco se vuelca más a lo tradicional (aunque siempre que se mueva a la banalización, a la falta de discurso, aportando ímpetu sólo a la virtuosidad técnica).
Incentivar discursos en torno al arte, a lo bello, a lo que nos mantiene vivos tiene que ser una práctica constante y necesaria. ¿Qué piensa?
Estoy muy de acuerdo. La “docencia” en cuanto a los contenidos del arte y las posibles “lecturas” de la imagen debe ser puesta nuevamente en manifiesto. Se ha educado al público a buscar y encontrar en las obras solo lo llamativo, lo raro o lo divertido, cuando debería prevalecer una forma de diálogo entre el artista (quien utiliza para ello el lenguaje plástico, para lo cual ha debido prepararse durante muchos años) y el espectador. De hecho, en uno de los institutos donde trabajo (el Instituto Superior de Arte de Gualeguaychú), hemos organizado un ciclo permanente de exposiciones mensuales con artistas de la ciudad e invitados de otras regiones del país, y en cada muestra realizamos un conversatorio entre el artista expositor y el público, donde este último se interioriza sobre las formas y técnicas de trabajo, los desarrollos conceptuales, el uso de las herramientas compositivas, etc. y es notable la avidez del público por conocer la cocina de la obra, por qué la hizo, para qué, cómo, etc.
¿Es su obra producto de la imaginación?
Totalmente. Pero debe entenderse que lo que se produce en la imaginación es un relacionamiento conceptual que puede tener las más diversas fuentes concretas por un lado. Y por el otro, lo mismo, pero desde el lado de la imagen y la composición, ya que siempre trabajo con modelos y/o fotografías y/o recuerdos. Creo que la obra es un collage de diversas sensaciones, sentimientos, ideas, imágenes y luces que se recombinan de una forma creativa dando pie a un signo particular con un sentido específico que conforma a la obra acabada. Aun así, siempre tengo la sensación de que la obra individual, acabada y expuesta, vuelve a resignificarse si se la aprecia junto a la obra total del artista, cuando se relaciona con otras que le van aportando una capa extra de significado. No sé si se entiende. ¡Ja!
José Cardoso / Básico
Nació en Gualeguaychú el 1 de julio de 1966. Profesor de artes plásticas y Lic. en Antropología Cultural. Estudió con Rodolfo Campodónico, Beatriz Varela Freire, Norberto Fandos y Julio Pagano. Dicta cursos, talleres y conferencias. Ha realizado 19 muestras individuales y participado en más de 50 colectivas. Su trabajo se encuentra en fundaciones, museos y colecciones privadas de nueve países. Edita en enero de 2021 el primero de tres volúmenes sobre antropología de la historia y el arte.
El ping-pong opheliano:
Una pintura: ”Sin pan y sin trabajo” de Ernesto de la Cárcova (1894)
Un disco: “La galana i la mar” de Mor Karbasi (2008)
Una película: “In the mood for love” (Buscando amar) de Won Kar Wai (2000).
Un libro: “Dejemos hablar al viento” de Juan Carlos Onetti (1979)
Una comida: Un buen asado, con fernet.
