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Entrevistas Ophelia

Marco Carcavilla: Navegar en la memoria

Con una destacada trayectoria como publicista, el artista chileno de origen español nos cuenta detalles de “Rebelión”, una serie de obras que relata la experiencia de los refugiados que viajaron desde Francia a Chile en el barco Winnipeg tras la derrota del bando republicano durante la Guerra Civil española. Un ejercicio de memoria histórica y de homenaje a sus propios ancestros. Aquí, su historia. 
¡Coleccionar arte es emocionante y conocer al artista detrás de la obra es mucho mejor! Ophelia Gallery te permite enriquecer tu experiencia como coleccionista. Aquí, la entrevista exclusiva al pintor chileno Marco Carcavilla.

Sobre Marco Carcavilla

A pesar de tener por derecho la nacionalidad española, me declaro un orgulloso latinoamericano chileno. Nací un 21 de mayo de 1964 en Santiago de Chile y he llegado hasta estos días sano y salvo.

Acerca de su niñez

A los ocho años sufrí la pérdida de mi padre, Antonio Carcavilla Laguarta, mi máximo «héroe de mil batallas». Pero, gracias a Dios, fui amado profundamente por mi madre, Luz Portolés Calderón, quien se tomó seriamente el compromiso de suplir con más amor la carencia paterna.

Sobre su familia y el Winnipeg.

Mi padre Antonio, mi tío Eduardo, mis abuelos paternos y mi abuelo materno, Ángel Portoles -quien era carpintero y al llegar a Chile se convierte en un ebanista profesional- fueron parte de los dos mil doscientos refugiados en ese barco con alas llamado Winnipeg, y que según retrata mi padre en una carta: «llegábamos a Chile derrotados y fuimos recibidos como vencedores!» Al tocar tierra firme, mi familia se asentó en el barrio Yungay y, en ese mismo barrio, a una cuadra de la plaza del «Roto Chileno», transcurrió mi infancia y estudié hasta cuarto de secundaria en el Instituto Alonso de Ercilla, perteneciente a la congregación de los hermanos Maristas. Allí me presentaron a Dios, amigo del que me olvidé por varios años. Este distanciamiento se prolongó durante toda mi carrera como Publicista en la Universidad del Pacífico. En 1989 me reconcilié con el Creador -el gran «director creativo»- en un encuentro mágico, cuando conocí a Isabel Margarita Gándara y nos casamos por la iglesia. Después de veinticinco años de matrimonio, me tomo el divorcio con humor. Finalmente, en 1992, mientras trabajaba en la agencia de publicidad Grey en Madrid, me sorprende la paternidad con un hombrecito al que llamamos Ignacio Jesús. Después vinieron Santiago y Mateo.

Sobre su serie de pinturas, «Rebelión»

Un bendito día del 2011 decidí rendir tributo a aquel valioso puñado de mujeres, hombres y niños heridos en el alma pero que se mantuvieron estoicos y llenos de sueños de libertad republicana. Creé una colección de más de treinta cuadros llenos de luces y sombras bajo el concepto metafórico de «Rebelión», en otras palabras, la rebelión de aquellos seres heridos, pero que lograron vencer a la muerte, y los simbolizo con formas de toros españoles. 

Doy vida sobre papeles texturados negros y blancos, a impredescibles formas construidas con acrílico dorado, tinta gel, pastel seco y plumones blancos, plateados y dorados. Una colección de  toros contorneados y transparentes que se niegan a morir, de cuerpos abiertos como sus corazones bondadosos y azotados injustamente. Seres heridos y valientes en medio del ruedo de una guerra de hermanos. Ellos no son más que una metáfora para rendir, sin mayores pretensiones, un tributo al valor y esperanza de esos miles de pasajeros del Winippeg que resucitaron su esperanza de libertad. Entre ellos, mi amado padre, tío y abuelos.

La fusión de arte e historia.

Dos mil doscientos viajeros del Winnipeg fueron interpretados en sus agitadas emociones y sentimientos con rayas de luces mágicas que forman toros con impredecibles formas y posturas de estilo expresionista. Toros heridos, desgarrados, desangrados pero vencedores.

El recuerdo de la guerra civil española

Confieso que fui testigo de maratónicas sobremesas junto a mis tres hermanos hombres menores, mesas en las cuales con frecuencia volvía a estallar esa fratricida guerra civil española, sin duda el plato fuerte de esa hora compartida en familia, y que muchas veces era servida con mi padre y mis abuelos paternos hirviendo de ira.

Con respecto a mis abuelos paternos, Eduardo era el profesor miliciano republicano y Carmen, la valiente e incondicional esposa y abuela malcriadora que nos enseñaba las atrocidades que vivieron durante la guerra. Sin embargo, no por eso dejamos de amar esa España querida. Pensábamos que después de la muerte de Franco tal vez volverían, pero ambos murieron antes que el dictador. 

Por último, su obra Marco ¿es producto de la imaginación?

Sí, es la mezcla de la imaginación de un niño y el dolor de un hombre. La imaginación de un infante que creció escuchando tantas historias de esta infernal guerra, junto al dolor real de un adulto, al ver partir uno a uno a cada protagonista de estos relatos y ver que no volvieron a vivir en su España querida sin poder hacer nada  más que un pequeño propio acto de Rebelión.

Ping-pong opheliano:

Una pintura: “Cristo de San Juan de la Cruz” de Salvador Dalí. 

Un disco: “Dancing Queen” de ABBA

Una película: “Blade Runner” de Ridley Scott

Un libro: “Cien años de Soledad” de Gabriel García Márquez

Una comida: Bacalao a la vizcaína con un buen vino Carmenere. 

Disfruta del Encuentro Ophelia con Marco Carcavilla:

Entrevista exclusiva para Revista Ophelia Nro. 19 -dic. 2022-. realizada por escrito, vía mail, en diciembre de 2022. Edición de textos: Camila y Julián Reveco.