¿Cuáles han sido sus búsquedas desde su última aparición en Ophelia y en qué está concentrado en estos momentos?
Desde la ocasión anterior, mi búsqueda ha pasado por reencontrarme. Las ideas estaban, pero la ejecución ligada a plazos comenzó a molestarme. Quiero sentirme orgulloso de mis pinturas y, como eso no estaba pasando, tuve que parar, tomar conciencia de lo que sucedía y de lo que deseaba que sucediera, así que me reencontré con la calidad que las prisas de los plazos estaban dejando en el camino y ahora vuelvo a disfrutar del acto de pintar.
En Ophelia Nro. 6 nos dijo: “El desafío del arte figurativo es plasmar lo que vemos con los ojos de una forma que el alma también pueda interpretarlo” ¿sigue pensando de la misma forma?
La fotografía, con su lenguaje diferente, está influenciando la forma en que los pintores componen. Se ha vuelto la referencia más común, y pareciera que la pintura está presentada solo para los ojos, impactante, virtuosa, al punto que se ha ido descuidando ese “algo” que conecta con el espectador de otra forma, que emociona, que hace vibrar en sintonía con la obra, que deja algo adentro. Es el exceso de elementos y detalles, la búsqueda de conceptos rebuscados, la necesidad de transgredir o escandalizar como un fin y no como un medio; todo eso pone demasiadas capas sobre lo que debería ser lo más importante. El desafío de la figuración en nuestro tiempo es llegar al alma.
¿Cree que el realismo está pasando por un buen momento? ¿Cómo “decidió” pintar de la forma en que lo hace?
La figuración y el realismo vienen con viento de cola, pero eso no debería influir en la decisión de un pintor a la hora de elegir un camino creativo. En mi caso pinto lo que pinto porque me hace feliz, no recuerdo haberlo decidido de manera consciente; aunque sí recuerdo haber pasado por una vidriera, ver una pintura de Patrizia Rizzo y decir “quiero estudiar con ella”. Ahí empezó todo.
¿Qué cosas lo hacen ser o sentirte como un pintor de Uruguay? ¿Sus referencias están determinadas por su entorno?
La pintura uruguaya actual está muy atravesada por la estética que dejó Carlos Páez Vilaró, sin embargo, habiéndome criado fuera del país, ese estilo tan uruguayo no está presente en mi obra. Lo local me impacta desde otro lugar. Me enfrento, como muchos artistas, a un mercado pequeño, a una burocracia, y en ese sentido me siento un pintor uruguayo, porque me sobrepongo a todo y me las ingenio para seguir pintando y viviendo del arte en formas creativas. Así somos los uruguayos, podemos con todo.
¿Su pintura es nostálgica? Me da la sensación de que los personajes que representa parecen estar más afincados al pasado que al presente o al futuro… ¿lo siente así?
Soy uruguayo, la nostalgia corre por mis venas. Sin embargo, mis preocupaciones o inquietudes siempre tienen que ver con el hoy y el mañana, el ayer solo es aprendizaje e inspiración, no se puede cambiar. Tal vez, la estética de mis personajes evoca el pasado, pero responde a un tema de gusto personal. Sus mensajes ya son otra cosa.
En general y teniendo en cuenta los años dedicados a la pintura ¿cómo está viviendo su proceso creativo?
Como el mundo mismo, convulso y dinámico. Estoy en una constante negociación entre el querer hacer y el deber hacer, negociación en la que generalmente gana el querer, pero asumo lo que eso implica. En mi cabeza hay un universo completo de cosas haciendo fila para salir, cada una encontrará el momento y la forma para hacerlo, pero desde lo personal me siento muy cerca de un cambio de ciclo, aunque no estoy muy seguro lo que sucederá, me mantengo enfocado en el ahora.
¿Cuánto tiempo puede estar frente a la tela sólo pensando en lo que ha hecho hasta ese momento?
Posiblemente paso más tiempo reflexionando que pintando, porque en esos momentos pienso mucho en los eventos anteriores que me han llevado hasta ese punto en el que estoy por tomar el pincel y comenzar a poner color. Cada pincelada es un cúmulo de experiencias previas que se manifiesta en el lienzo.
¿Cómo organiza su jornada de trabajo? ¿Planifica o es más bien espontáneo?
Suelo planificar, pero por la cantidad de cosas en las que trabajo al mismo tiempo, el elemento inesperado siempre está presente en mi jornada. Eso sí, cumplo cabalmente con todos los compromisos. El tiempo que uso para cambios o eventualidades suelo tomarlo de mis horas de pintura, muy a mi pesar.
Por último, ¿es su obra un producto de la imaginación?
En mi obra hay de todo, porque la gente es mi tema. Hay personas reales, inventadas o creadas a partir de varias personas. De hecho, también he pintado a partir de fotografías que me gustan, no tengo problemas con eso. Cuando pinto busco dos cosas: expresar algo y encontrar placer. A veces se da una u otra, pero en casos afortunados consigo ambas.

Fernando David Castellucci Silva / Básico
Nació en Uruguay, Montevideo el 30 de junio de 1974. Publicista, imparte clases de dibujo y pintura. Su formación pictórica la realizó en el Museo Tessari Rizzo de Caracas, Venezuela, además de asistir a seminarios con destacados artistas. Ha expuesto, individual y colectivamente, en las salas más reconocidas de su país. A partir del 2021 su trabajo fue expuesto dos veces en España y es acreedor de múltiples reconocimientos por su labor en favor de la difusión cultural. Es creador del “Concurso Nacional de Pintura” para el Ateneo de Montevideo.
@castelluccidavid
Ping-pong opheliano:
Una pintura: “La miseria” de Cristóbal Rojas (1886)
Un disco: “Ray of Light” de Madonna (1998)
Una película: “Bailarina en la oscuridad” de Lars Von Trier (2000)
Un libro: “Ilusiones” de Richard Bach (1977)
Una comida: Comida chatarra y coca-cola
Disfruta del Encuentro Ophelia con David Castellucci:
Entrevista exclusiva para Revista Ophelia Nro. 19 -dic. 2022-. realizada por escrito, vía mail, en noviembre de 2022. Edición de textos: Camila y Julián Reveco.